FANDOM


Clubes de Dragones es el cuarto episódio de la serie Dragones del Futuro.

TramaEditar

Por obligación de la Academia, Daniél debe elegir un club al cual unirse. El problema es que él no sabe qué es lo que más le gusta de los dragones, y muchas de las actividades de los clubes no se le dan muy bien.

SinópsisEditar

-¿Por qué tengo que elegir un club sí o si?- preguntó Daniél.

-No lo sé, simplemente porque es así- le contestó Bautista- No es tan difícil elegir un culb. Simplemente entra al que más te guste. Yo elegí el de crianza.

-Si, pero mi problema es que no sé cuál es el que más me gusta. Hay muchas cosas que me gustan sobre los dragones.

-Entonces fijate en la lista de clubes y prueba hasta que alguno te guste- le propuso Siro- Yo decidí entrar al club de geología.

En ese momento Daniél aceptó probar los clubes uno por uno y se fue a fijar a la lista de clubes, la cual anotó para ir probando:

  • Club de Lucha
  • Club de Crianza
  • Club de Carreras
  • Club de Botánica
  • Club de Geología
  • Club de Esgrima

Entonces se dirigió a las arenas donde se reunía el club de lucha. Todos se sorprendieron mucho de verlo ahí, algunos que se sorprendieron en el buen sentido y se emocionaron como si hubieran visto a una celebridad, y otros que creían que era un completo presumido y que había arreglado la pelea con el vicedirector. Entre esos qujándoce, estaba Manuel, cuya reputación como uno de los mejores entrenadores de la academia había sido dañada tras su derrota contra él.

-¡¿Qué haces aquí?!- Dijo Manuel enojado- ¡¿Es que ahora quieres humillar a todo el resto de la academia con tu estúpido Terrible Terror?!

-No quiero humillar a nadie- Contestó Daniél con algo de enfado- Es solo que estoy buscando un club al cual unirme.

En ese momento se acercó uno de los amigos de Manuél, Luis Guerra, a interferir.

-Oigan ¿qué pasa?¿Es que este tipo sigue presumiendo victorias que fueron de suerte?- Dijo Luis burlonamente, al mismo tiempo que otro Mocoso se acercó a defender a Daniél.

-Cállense los dos, que él pasó el exámen de admición con mejor nota que ustedes.

-Como si tú lo hubieras hecho mejor- Le contestó Luis.

-¡¿Qué está pasando?!- Gritó Morgan Doyle, el profesor de la clase, que acababa de entrar en la arena. Después de que se pusiera al tanto de la situación, Morgan decidió que pondría a prueba a Daniél en un combate 2 a 2, en el que sólo podrán usar 1 dragón.

-¡Que comience la pelea!- Dijo el profesor.

-Hey, ¿por lo menos podrías decirme tu nombre?- Le preguntó Daniél al otro Mocoso que sería su compañero en la pelea.

-Me llamo Virgilio- Le contestó el Mocoso muy alegremente.

A continuación, Manuél llamó a Loud, su Grito Mortal, y Daniél a Aurum, su Pesadilla Monstruosa. Luis llamó a un Colmillo Afilado llamado Vacahorrible, mientras que Virgilio sacó a un Mortífero Nadder blanco llamado Perla.

Loud fue el primero en alzar vuelo, y desde el aire les lanzó sus espinas a Aurum y Perla. Ambos dragones lo esquivaron. Perla también le lanzó sus espinas, las cuales Aurum prendió fuego. Desafortunadamente, Vacahorrible desbió el ataque con una bola de fuego. Luego, embistió ferozmente a Aurum. La Pesadilla intentó intimidarlo prendiéndose fuego y rugiendo lo más fuerte que podía, pero Vacahorrible siguió con su ataque, resultando en un terrible dolor de cabeza para Aurum. Perla quiso vengar a su compañero y atacó a Vacahorrible con fuego, aunque falló porque Loud lo interceptó, al mismo tiempo que desapareció en el suelo. Luego, atacó a Perla por debajo a una velocidad increible, provocando que la Nadder quedara con un gran aturdimiento.

Ambos dragones estaban entre la espada y la pared y sus respectivos entrenadores también estaban preocupados. Loud y Vacahorrible eran dragones poderosos, y lo más importante es que sus entrenadores ya conocían todas las estrategias del otro.

Mientras Luis y Manuél se encontraban distraidos presumiendo ante el público, Daniél y Virgilio organizaron un plan cuyos dragones ejecutaron casi perfectamente.

Perla, aún confundida, disparó fuego hacia todas partes hasta recuperar la estabilidad, obligando a Vacahorrible a alzar vuelo. Inmediatamente después, Perla y Aurum saltaron a una velocidad vetiginosa y golpearon con sus cuernos las alas de Loud, causando que callera al suelo con un grito terrible, derribando de paso al Colmillo Afilado. Una vez en el piso, Aurum prendió fuego todo el suelo alrededor de Loud, cosa que no pudiera excabar. Mientras, la Nadder embistió a Vacahorrible con el fin de dejarlo inconciente, aprovechando que estaba medio aturdido. Sin embargo, el Colmillo Afilado reaccionó a tiempo y golpeó duramente a Perla, siendo ella la que quedó inconciente. Vacahorrible repitió el ataque hacia la Pesadilla Monstruosa, obteniendo el mismo resultado.

-¡AJÁ!¡Tomá esa, presumido!- Gritaba Manuél mientras media grada festejaba y media abucheaba.

-Lo siento, es mi culpa- Le dijo Virgilio a Daniél.

-No es tu culpa- Le contestó él.

-¡BASTA!- Gritó Morgan. Todos se callaron. A continuación, se acercó a Daniél y le dijo- Tienes muy buenas habilidades para dirigir a tus dragones, y piensas muy rápido cuando es necesario, pero te falta pulir esas habilidades. Si quieres mejorar en los combates, definitivamente deberías unirte a este club.

-La verdad es que solo estoy probando los clubes- Respondió Daniél con un tono indeciso- Vendré de vuelta si es que me decido por entrar a este club. Daniél luego se fue de la arena mientras pensaba para sí con enfado "Sólo me uniré a este club si opto por vengarme de ese tarado".

El siguiente lugar al que se dirigió Daniél fue a un grupo de cuevas, no muy lejos del Puntacuervo, donde se reunía el club de crianza. Al entrar se reunió con Bautista, quien inmediatamente le preguntó cómo le había ido en el club de lucha. Daniél le contestó con un gesto, indicando que no le fue muy bien.

Segundo después, el profesor, que se había percatado de la precencia de Daniél, se acercó a él con una sonrisa y le dijo:

-¡Pero si es Daniél Dracos! Cuanto tiempo que ha pasado desde la última vez que nos vimos. Dime, ¿cómo ha estado tu madre?

-Hola Jacob- lo saludó él con la misma alegría- Ella está bien, sigue muy atariada.

-Esperen, ¿ustedes dos se conocen?- preguntó Bautista sorprendido. Daniél le contestó que Jacob era un viejo compañero de trabajo de su mamá, y que no era muy raro que lo viera seguido.

A continuación, Jacob siguió con la clase y guió al grupo a una inmensa cueva que estaba llena de pozos de agua de un lado, y llena de pozos de lava del otro. Al fondo se podían ver muchos huevos custodiados por un gran número de dragones con cuernos largos pero finos.

Jacob tomó dos huevos distintos y llamó a uno de los dragones en la cueva.

-Los huevos de dragón- comenzó a explicar- no son exáctamente como los huevos de cualquiér otro reptíl o ave, como ya deberían saber, por el hecho de que explotan al incuvar. En general, estas explosiones pueden ser amortiguadas si antes de que incuve se lanza el huevo al agua o a la lava, aunque pueden haber algunas excepciónes. Los huevos con una textura más lisa se incuvan en lava, mientra que los huevos con una textura más rugosa se incuvan en agua.

-¿Y cómo sabremos cuándo un huevo está por incuvar?- preguntó uno de los alumnos.

Muy fácil- contestó el profesor- Los huevos de dragón producen un zumbido muy agudo 10 minutos antes de incuvar, imperceptible para el oído humano, pero no para el de los dragones. Estos dragones que se encuentran por toda la cueva se llaman Dótocust, caracterizados por ser los dragones con el mejor oído de todos.

Poco antes de que terminara de explicar, el Dótocust que había llamado le avisó a Jacob que los dos huevos estaban por incuvar. Jacob se apresuró hacia el puente que dividía las dos secciones de la cueva y lanzó un huevo a un pozo de agua y el otro a un pozo de lava. La clase cada vez se agrupaba más para poder ver.

Luego de varios minutos, dos explosiones ocurrieron, y del agua emergió un bebé Caldero, mientras que de la lava emergió un bebé Tricolorem. Jacob llevó a los dos dragoncitos a otra habitación y luego le ordenó a la clase que todos sacaran a su dragón más pequeño y trataran de incuvar la mayor cantidad de huevos posibles.

Daniél sacó a Lúmic y le pidió que lo ayudara con la tarea.

Tiempo después, todo mundo, humanos y dragones, salieron lo más rápido posible de las cuevas, seguidos de un agudo y espantoso chillido.

Jacob se acercó a Daniél con una mirada furiosa.

-¡¿Cómo iba a saber que ese era un huevo de Trueno Tambor si núnca vi uno?!- intentaba excusarse ante su profesor.

-Yo te recomiendo que llames a Árgiros y huyas cuanto antes- Le decía Lúmic en dragonés antes de meterse de nuevo a su lumiósfera.

Enojado, Jacob le gritó a su alumno:

-¡QUIERO QUE DESAPARESCAS DE MI VISTA EN ESTE INSTANTE!

Como le dijeron su profesor y su dragón, Daniél llamó a Árgiros y salió volando apresuradamente, pero no en cualquiér dirección, sino hacia la sima del Puntacuervo, donde se reunía el club de carreras.

Cerca de la sima, se veia un edificio que sobresalía del pico, de manera tal que parecía un anillo. Del edificio salía una plataforma, un puente que no conectaba con nada, sobre el cual habían dos dragones preparados para la carrera.

Daniél y uno de los jinetes, el que montaba un dragón que recordaba al Gancho Terrestre, se reconocieron mutuamente, al igual que sus dragones. Él se lamentaba y decía:

-De todas la personas que me puedo encontrar aquí justo me tengo que encontrar con ¡ELLA!.- Árgiros dió la vuelta y calló en picada velozmente diciendole a su jinete:

-Olvídate de entrar a este club, ¡no pienso volver a competir con ese dragón presumido de nuevo!

Un cuerno sonó anunciando el comienzo de la carrera.

La mujer sobre el dragón alargado se salió del curso y persiguió a Daniél, alcanzándolo en pocos minutos. El dragón tan parecido a un Gancho Terrestre tomó al chico del saco con su boca, al mismo timpo que trataba de alejarlo de Árgiros.

-¡Aww!, pero si es mi primito Daniél.

-Hola Isabela- La saludó él de mala gana.

-Dime ¿cómo has estado?

-Bien... desde que te fuiste- Contestó con tono enojado. Isabela se rió y luego le dijo:

-Déjame ver qué dragones tienes- Luego le dió una órden a su dragón y este lanzó a Daniél en el aire. Después lo atrapó estrujándolo con su cuerpo como de serpiente. Algo que es necesario mencionar es que en la familia Dracos está la costumbre de llevar en alguna prenda de vestir que usen muy seguido, placas con los símbolos de las clases a las que pertenecen sus dragones.

Isabela tomó brúzcamente el brazo derecho de Daniél y se fijó en las placas que había en su antebrazo. Tenía una placa con el símbolo de la clase Afilada, una de la clase Fogonero, una de la clase Embestida y una última con la clase Misterio.

-Sigues siendo un tarado- le dijo con aire sobervio- Los Terrible Terror no son clase Misterio, son clase Fogonero. Amenos claro que te hayas deshecho de tus inútiles dragones y consiguieras algunos más amenazantes.

-Con excepción de ese quisquilloso plateado de ahí- Agregó el dragón de Isabela señalando a Árgiros con la mirada. Él lo miraba suspendido en el aire con ira.

-¡No es un Terrible Terror! Los Terrores no zúmban ni escupen fuego blanco, deberías saberlo- Daniél le contestó, con la esperanza de cerrarle la boca. Isabela sabía que él estaba en lo cierto, pero no quiso darle la razón.

-Seguramente esos fueron trucos. No creo que ese dragoncito sea tan especial como dices.

La sangre de Daniél hervía de la rabia. No soportaba que ella lo subestimara tanto. Núnca lo soportó. Estaba dispuesto a hacer lo que fuera para cerrarle la boca de una vez por todas.

-¡TE RETO A UNA CARRERA!- Gritó él furioso. Isabela estaba sorprendida de esto. Núnca creyó que se atrevería a retarla en el deporte en el que más victorias tiene, pero de todas formas aceptó, con una sonriza burlona.

Sobre la plataforma se hallaban los dos dragones, equipados con unas monturas especiales para la competencia, con sus respectivos jinetes sobre ellos.

-Parece que a tu jinete se le subieron los humos a la cabeza, ¿eh "Platerillo"?- Se burlaba el dragón de Isabela en la cara de Árgiros, al ver cómo Daniél miraba furiozamente el horizonte.

-Primero: ¡No me llames "Platerillo"! Segundo: ¡Te haré sentir el sabor de la derrota, "Azulino"!- Le contestó Árgiros, pero su rival no pareció prestarle mucha atención.

El cuerno sonó. Ambos dragones despegaron, descendiendo hacia el mar. La ruta de la carrera consistía en darle una vuelta completa a la isla.

Isabela iba a la cabeza, pero Daniél tomó la delantera cuando llegaban hacia Berk. Cruzaron rápidamente el pueblo, haciendo zig-zag entre los antiguos faros vikingos en el mar.

Constantemente se pasaban el uno al otro. Pero había algo que Daniél notaba raro: Isabela no lo había atacado todabía. "Esto es extraño, Isabela siempre hace trampa cuando tiene la oportunidad", pensaba él mientras crusaban por el bosque.

La cosa se mantuvo muy tranquila hasta llegar a la bahía del Corazón Negro; de la nada Isabela y su dragón desaparecieron, y de la misma manera emergieron delante de Daniél y Árgiros. Isabela se preparaba para su jugada definitiva. Su dragón permaneció muy cerca de Árgiros todo el camino hasta llegar al arrecife Destructor.

Una vez allí, el Gancho Aéreo empezó a dar giros en el aire, formando una espiral alrededor de Árgiros. Inmediátamente después, de su panza, que rodeaba por completo al Tricolorem plateado, empezó a salir un vapor espeso.

Ni dragón ni jinete podían ver a travéz de ese vapor tan espeso, sólo podían escuchar la voz de Isabela que decía:

-¡Veamos cómo enfrentas mi nuevo truco! ¡JA JA JA JA!

-¡Isabela, detén esta locura! ¡¿O es que de verdad planeas matarme?!- Gritó desesperado su primo, agobiado por el calor. Isabela siguió riéndose.

-¡Skymander!- Gritó Árgiros- ¡Detén esto de inmediato!

-Oh, así que recuerdas mi nombre- Contestó Skymander, el dragón de Isabela- No te preocupes, no voy a matarlo, solo es para dejarlo mareado.

Efectivamente, Daniél ya se estaba mareando a causa del calor. Árgiros, furioso y preocupado, disminuyó la velocidad considerablemente para salir de aqueya nube en espiral. La vista de su jinete estaba borrosa y la cabeza le daba vueltas, aunque aún así pudo ver a Skymander e Isabela alejarse en el cielo.

Árgiros se vio obligado a aterrizar. Eligió una pequeña cueva en un acantilado donde podían repararse del viento helado de la zona.

-No puedo creer que me hiciera esto sólo por ganar una carrera- Decía Daniél sujetándose la frente on una mano.

-Yo sí creo que lo hiciera- Contestó el Tricolorem mirando hacia afuera de la cueva- ¿Recuerdas aquella vez cuando te empujó de mi lomo y caiste en la punta de un pino?

-Claro que lo recuerdo. Pasó en nuestra última carrera hace tres años- Le dijo él, ya con los ojos abiertos.

Mientras tanto, Skymander ya había cruzado todo el tramo restante del norte de la isla y ahora se encontraba casi entrando al pueblo.

-¡Vamos Skymander! ¡No desaceleres!- Le decía Isabela impasientemente a su dragón.

-¿De qué te preocupas? No lograrán alcanzarnos tan pronto.

-Conoces bien a mi primo. Seguro que encontrará la manera de alcanzarnos- Dijo ella mirando hacia atrás con preocupación.

Isabela le pidió en un grito que fuera más rápido. Pero su dragón frenó y empezó a decirle que era fácil para ella decirlo porque no era quien había estado volando a máxima velocidad todo el tiempo.

Ambos se quedaron discutiendo por varios segundon, cuendo de repente escucharon el rugido furioso de un dragón. ¡Eran Daniél y Árgiros! Volaban a la velocidad de un rayo, como Isabela ni Skymander habían visto antes.

Rápidamente habían sido alcanzados por ellos, a pesar de que en cuanto los vieron, volvieron a recuperar el paso que llevaban antes.

Ella estaba preocupada. No paraba de decirce para sí:

-No puedo permitirme una derrota ante él. No puedo volver a dejar que me opaque como ha hecho siempre.

Árgiros volaba furiosamente hacia la mente, ya estaban muy cerca, podían escuchar los vitoreos de la gente. Pero dragón y jinete estaban tan enfocados en sus sed de victoria que no contemplaron un pequeño obstáculo frente a sus narices que podía costarles todos sus esfuerzos.

Todo mundo gritaba y festejaba gritando el nombre del campeón:

"I-sa, I-sa, I-sa, I-sa..."- Gritaba la gente.

Isabela se reía presumidamente junto a su dragón mientras que Daniél y Árgiros los miraban con ira, gritando internamente.

-¡No puedo creer que fueras tan tarado!¡JA JA JA JA JA!- Se burlaba ella en la cara de su primo.

-¡JA JA JA! Sigo sin entender, Platerillo- Le decía Skymander a Árgiros- ¿Cómo pudiste chocarte...¡Con una pequeña parbada de pájaros!?¡JA JA JA JA JA!

Isabela y su dragón seguían festejando y presumiendo en la cara de Daniél y su dragón, pero estos decidieron irse y dejarlos hablando solos. Para cuando los campeones de dieron cuenta ellos ya estaban llegando a unos campos, no muy lejos de Berk, donde se reunía el club de botánica.

El lugar estaba lleno de los típicos animales de granja de la isla: ovejas, gallinas y yaks. Algo que no había cambiado en tantos siglos. Sin embargo, lo más notable es que había un gran invernadero lleno de flores con un cartel que decía en letras gandes "NO ENTRAR CON DRAGONES". A Daniél le pareció curioso, pero decidió unirse a la gente reunida en un edificio amplio no muy alejado de donde estaba parado.

Al entrar, nadie pareció importarle su precencia. Nadie pareció notarlo de hecho. Estaba totalmente perdido con respecto a lo que la profesora decía, pero no quiso preguntar para no interrumpirla, ya que tenía cara de tener poca paciencia.